La Buena mujer

Reflexión después de una consulta de psicoterapia con paciente adulta.

Como mujer y como terapeuta, vivo día a día la exigencia de “ser buena”, buena en todo. Buena amante, buena trabajadora, buena hija, buena madre, “tía buena”, buena… vivimos en una sociedad en la que se valora la imagen por encima de la esencia. Una sociedad en la que se valoran los “me gusta”, los seguidores, las fotos aparentemente feliz, por encima del “me gusto”, del “acepto a los demás”, del “me siento sin tapujos”. Somos imagen, sí, y también mucho más. Mis mascaras me tapan y defienden, y también no me dejan ser lo que realmente soy. La esencia de la mujer va más allá del “hacerlo bien”, somos ternura, somos feminidad, somos intuición, esencia y amor, somos vínculo conmigo y con el otro, somos vida, somos angustia y tristeza, llanto, miedo, alegría y gozo, somos emoción. Cuando una paciente viene a consulta y me pregunta si es buena… yo le pregunto ¿Para quién?, a veces la cara de sorpresa habla por sí misma, otras se intenta contestar, pocas veces me encuentro una respuesta clara y rotunda. Para mí. Y es entonces, solo entonces, cuando comenzamos a ser verdaderamente “buena mujer”.