El poder del pensamiento

El otro día en terapia trabajé con un paciente sus pensamientos recurrentes y de este trabajo sale esta reflexión. Nuestra mente es parte muy importante de nuestra conducta diaria, con ella analizamos y tomamos decisiones. Sin embargo, no siempre está de nuestro lado, hay veces que nuestra mente piensa demasiado, intenta controlar en exceso y nos hace tener la sensación de que nuestra vida no va bien o está incompleta. Los pensamientos recurrentes forman parte de todos nosotros y a veces se adueñan de nuestro día a día haciendo que nos sintamos mal. Estos pensamientos pueden ser de cualquier tipo (cuanto más apocalípticos más caso les hacemos) y aparecer en cualquier momento. Por eso hoy os traemos 5 claves para intentar llevar una vida más saludable y utilizar el poder del pensamiento a nuestro favor.

1.       RELATIVIZA. Tus pensamientos no hablan de ti, no muestran cómo eres, son solo pensamientos, ideas y a veces obsesiones. No te identifiques solo con lo que piensas.

2.       FLUYE: Normalmente los pensamientos recurrentes aparecen por exceso de control, autoexigencia, estrés. Cuanto más te dejes llevar por la vida, más disfrutarás y menos pensamientos negativos aparecerán.

3.       DESDRAMATIZA: cuando tenemos un pensamiento que nos asusta, nuestra cabeza tiende a generar el apocalipsis, empezamos a ver todo teñido de color oscuro, es importante quitarle importancia y darnos cuenta de que nuestra mente exagera.

4.       COMPARTE: afortunadamente esto es algo que nos pasa a todos, y aunque te parezca que eres la única persona en el mundo con pensamientos negativos o feos, es probable que si los compartes te des cuenta de que no estás solo/a.

5.       RIETE: no hay mejor terapia que reírse de las exageraciones de uno mismo, por eso es importante que uses el humor cuando empieces a tomar consciencia de lo exagerado de tus pensamientos, de que ellos no te definen y que la vida puede seguir su curso a pesar de que tu mente intente controlarlo todo.

No hay mejor terapia que ACEPTAR lo que nos pasa y continuar el camino. Aun así en con o sin diván somos expertos en psicología y estamos a tu disposición para ayudarte.

¿Cuanto vale una persona?

La semana pasada hice un juego con un chico de 13 años donde le empecé preguntando el valor de un boli, una mochila, un ordenador e incluso un coche y, para mi sorpresa, me supo decir el precio exacto de todos ellos, incluso aunque algunos está claro que no había tenido nunca que plantearse comprárselos. 
La duda le surgió cuando le pregunté por el valor de una persona, entonces se paró dos segundos a reflexionar y su primera respuesta fue "NADA", en seguida se dio cuenta de lo erróneo de su afirmación e intentó justificarla hasta que llego a una conclusión, no menos peligrosa, que era que su valor como persona dependía de hacer las cosas bien en el colegio y con su familia y de ser sincero (problemas por los que viene a consulta).
Este problema no es único de adolescentes, de hecho os animamos a repetir el juego con familiares y amigos a ver cuales son sus respuestas. Nos han enseñado a poner la atención en lo exterior y no en nuestro interior, a juzgar en lugar de aceptar y con eso hemos conseguido ser incapaces de confiar en que solo por haber nacido ya valemos, ya somos merecedores de ser queridos, ya tenemos los recursos que necesitamos para llevar una vida plena.
Por eso una parte del crecimiento debe consistir en repetirnos que valemos tantas veces como podamos, ponernos cada mañana delante del espejo, mirarnos a los ojos y decirnos "tú sí que vales", así cuando nos pregunten cuanto vale una persona sabremos contestar.

La Buena mujer

Reflexión después de una consulta de psicoterapia con paciente adulta.

Como mujer y como terapeuta, vivo día a día la exigencia de “ser buena”, buena en todo. Buena amante, buena trabajadora, buena hija, buena madre, “tía buena”, buena… vivimos en una sociedad en la que se valora la imagen por encima de la esencia. Una sociedad en la que se valoran los “me gusta”, los seguidores, las fotos aparentemente feliz, por encima del “me gusto”, del “acepto a los demás”, del “me siento sin tapujos”. Somos imagen, sí, y también mucho más. Mis mascaras me tapan y defienden, y también no me dejan ser lo que realmente soy. La esencia de la mujer va más allá del “hacerlo bien”, somos ternura, somos feminidad, somos intuición, esencia y amor, somos vínculo conmigo y con el otro, somos vida, somos angustia y tristeza, llanto, miedo, alegría y gozo, somos emoción. Cuando una paciente viene a consulta y me pregunta si es buena… yo le pregunto ¿Para quién?, a veces la cara de sorpresa habla por sí misma, otras se intenta contestar, pocas veces me encuentro una respuesta clara y rotunda. Para mí. Y es entonces, solo entonces, cuando comenzamos a ser verdaderamente “buena mujer”.

Círculo de la responsabilidad

Hoy os traemos la creación de un niño de 10 años. Lo hemos llamado círculo de la responsabilidad y son los pasos que, después de varias sesiones, ha comprendido que tiene que seguir para hacerse responsable de sus actos y así mejorar su compartimiento y sus relaciones.

1. Me equivoco

2. Me doy cuenta de la equivocación.

3. Aceptas que te equivocas.

4. Me responsabilizo de la equivocación.

5. Aprendo.

6. Cambio. 


Si os incita a la reflexión podéis dejarle mensajes de ánimo, consejos o comentarios que en la siguiente sesión leeremos juntos.